¿Elegua es malo? Eshu no es satanás

¿Elegua es malo?

¿Elegua es malo? Para respoder esta pregunta es necesario comprender que hablar de Elegua no es hablar de brujería. Él está más allá del bien o el mal. Personifica un equilibrio que castiga o beneficia por igual. Representa el balance perfecto en la naturaleza, siendo capaz de provocar estragos o recompensas a sus seguidores, según sean sus comportamientos.

¿Elegua es malo?

Para los africanos y los practicantes de las culturas afrocaribeñas, Elegua simplemente es una deidad que debe ser tratada con delicadeza, puesto que su dualidad le permite propiciar acciones benéficas o perjudiciales para los seres humanos, pero, como ha quedado claro anteriormente, todas sus acciones responden a una justificada motivación o la responsabilidad directa de los involucrados.

Está al tanto de los trastornos que perjudican a la humanidad y de sus soluciones. Sus acciones siempre tienen una motivación justificada a pesar que en algunos casos pude ser difícil de comprender. Es decir, que “Eleggua jamás actúa de forma irracional”.

¿Eshu Elegua es una deidad malévola?

Eshu no es Santan

La cultura Yoruba manifiesta que en el panteón de sus deidades no existen demonios, por cuanto, Oloddumare creó a los Orishas con la intención de equilibrar el destino de los hombres y no para su destrucción. Elegua solo ha sido encomendado a la difícil tarea de provocar la sinceridad en los seres humanos y para lograrlo pone a prueba sus creencias y acciones.

¿Por qué Eshu Eleggua es relacionado con Satanas?

La interpretación errada de la naturaleza de Eshu Elegua se origina gracias a la influencia de los primeros misioneros que llegaron a tierras americanas durante la colonización. Su falta de comprensión sobre las prácticas religiosas de los esclavos yorubas y su intensión de evangelizar aun en contra de su voluntad a todos los individuos con creencias distintas a las suyas, provocó la tergiversación de las características de este Orisha, siendo comparado con el Diablo y convertido en símbolo del mal.

Eshu

Esta práctica no es única. Durante diversos pasajes de la historia la representación del diablo ha cambiado “convenientemente” coincidiendo con diferentes situaciones inspiradas por el contexto. Esto se evidencia a través de las manifestaciones artísticas de diferentes épocas, donde se va modificando mediante distintas formas representativas.

Se estima que hasta el siglo XI el demonio fue identificado a través de imágenes donde poseía una apariencia humana. Luego de esa época aparecen representaciones más temibles, con características grotescas donde se fusionan rasgos humanos y animales.

De hecho, muchas de esas descripciones sobreviven hasta la actualidad. Es identificado como un ser con una cola, barba, patas de chivo, con cuernos, alas, y una apariencia tenebrosa. Describir al diablo como un ser horrible y terrorífico también podría estar inspirado por creencias y textos cristianos como el Apocalipsis de San Juan Evangelista, que constituyen una referencia para esa entidad.

Ahora bien, este fenómeno tiene una explicación en la construcción aportada por la iglesia católica a través de diversas disputas teológicas y políticas a lo largo de la historia, algunas de ellas incluso violentas, en las que finalmente, se le fueron agregando al demonio características propias de otras culturas, con el fin de darle forma a la representación del mal, a la vez que aludían a los dioses de otras religiones, con los que, de alguna manera u otra, los cristianos combatían.

Es así, que el diablo asume características a la par de dioses griegos o romanos como: el dios griego Pan, cuya imagen se presenta como mitad hombre, mitad cabra; también posee un tridente como Poseidón o Neptuno; o cuernos como el dios celta Cernunnos.

Eshu es Malo

Por lo tanto, la imagen de Satanás podría considerarse que es el resultado de la mezcla entre las creencias de los monjes y teólogos medievales y las creencias supersticiosas y paganas. Todo esto también se relaciona con la intención cristiana de erradicar las creencias grecorromanas durante sus inicios, y posteriormente, las diversas culturas cuya fuerza e impacto pudiesen ser menores a la suya.

Este fenómeno es lo que sucedió de igual forma con Eshu Elegua, siendo señalado por la iglesia cristiana como el demonio, sin ninguna base ni fundamento teológico que así lo respalde dentro de su cultura religiosa.

Resulta curioso comprender que, la palabra «satanás» proviene del dialecto hebreo y significa «acusador o adversario». En su origen más básico no hace ninguna referencia al mal, ni describe oposición a Dios. La relación de con el mal probablemente se remonta al judaísmo, gracias a la influencia babilónica, donde existe una figura contraria a Dios.

En conclusión, es posible identificar a través de la historia de la humanidad como son interpretadas y reinterpretadas diversas espiritualidades por los practicantes de las diferentes culturas, según el contexto. Evidentemente, la manera en la que llega la religión yoruba a América a través de los esclavos, en una posición obviamente sumisa y sometidos a la obligación de practicar las costumbres católicas, expone una posición de desventaja ante la cultura dominante.

Esto, en compañía del desconocimiento y la intención de erradicar sus costumbres, fue lo que originó y difundió la creencia de que Eshu Elegua era una entidad demoniaca, siendo su energía identificada por los yorubas como la naturaleza espiritual que fomenta el equilibrio dinámico del funcionamiento del mundo físico y espiritual, presente en lo bueno y lo malo en la misma proporción, incluso, pudiendo llegar a ser considerado una entidad esencialmente justiciera.

¿Dónde vive Elegua?

¿Dónde vive Elegua?

Por lo general, Elegua es un santo que vive en la puerta de las casas, sin embargo, también es posible encontrarlo en otras partes dentro de los hogares de los iworos, acompañado como es costumbre de los guerreros Ogun y Oshosi. Pero, en definitiva, la puerta es el lugar más apropiado para su ubicación, a continuación, relataremos una historia que explica la razón:

¿Es malo tener un Elegua en la casa?

El significado de la palabra Eleggua quiere decir: «está en la casa». El término «Ele», se deriva de Ilé (casa) y «Ggua» quiere decir: estar. Cuando nos referimos que Elegua está, hablamos de la presencia de Eshu, identificado como Elegua bajo la influencia de Obatalá, quien neutraliza los impulsos que podrían resultar negativos en Eshu. Sin embargo, se cree que hay oportunidades en las que Eshu hace uso de esa parte de su energía y sin esperarlo puede penetrar la casa causando revolución, pero, esa acción debe estar motivada por algún suceso que lo justifique y del cual, los residentes de ese lugar son responsables.

Desde luego que no es malo tener a Elegua en la casa, de hecho, en la puerta de las casas conviven varias espiritualidades adicionales a Eleggua. Más bien, este Orisha al residir en las puertas, marca la frontera entre dos territorios, el interior de la vivienda representa la tranquilidad del hogar y el exterior simboliza los peligros y las perversidades sueltas por el mundo.


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Pataki: ¿Por qué Elegua vive detrás de la puerta?

¿Por qué Elegua vive detrás de la puerta?

Ocurrió que una vez, el hijo de Olofin se encontraba muy triste y preocupado porque su padre estaba muy enfermo. Se habían consultado a todo tipo de curanderos y médicos, pero aun así, no se encontraba la manera de sanarlo. Un día, Elegua caminaba por los senderos del monte encontrándose con el hijo de Olofin, al verlo tan acongojado le preguntó ¿qué le sucedía y por qué estaba tan triste? El hijo de Olofin no tardó en explicarle que su padre estaba muy enfermo y los médicos no encontraban la cura de su mal.

Elegua conmovido por su tristeza, pero, con la astucia que lo caracteriza le pregunta: ¿usted que me daría si yo curo a su padre? El joven de inmediato le contestó que le daría lo que quisiera si él podía lograr ese milagro.

Ambos quedaron de acuerdo. Entonces, Elegua le indicó que tenía que ir hasta la orilla de una playa donde se encontraría con una mujer de mucho peso, sentada sobre un pilón. Debajo de ese pilón estaría el secreto con el cual podría curar a su padre. Sin embargo, alcanzar tal ashé no sería fácil, Elegua le advirtió que debía luchar con la mujer y tumbarla del pilón para poder apropiarse de ese secreto.

El hijo de Olofin no reparó en el esfuerzo que debía realizar y de inmediato se dirigió hasta la playa donde, tal como lo había descrito Elegua, se encontraba aquella mujer sentada sobre el misterioso pilón. El joven lleno de ímpetu se dirigió hasta la mujer luchando con ella hasta tumbarla del pilón y alcanzando con éxito el secreto que guardaba bajo el mismo. Luego, se fue a casa de su padre, quien estaba casi moribundo y le entregó la medicina sagrada, curándolo de inmediato.

Echu

Pasaron tres días y Olofin estaba en perfecto estado de salud. Entonces, el joven decidió salir a buscar a Eleggua para agradecerle por haberlo sanado y cumplir con lo que habían pactado. Al encontrar a Elegua le rindió moforibale (agasajo) y le preguntó ¿qué deseaba como pago por curar a Olofin? Elegua le dijo que quería que su padre Olofin, le permitiera estar siempre detrás del ashilekún ilé (la puerta de casa, la puerta del igbodún o cuarto de santo, la puerta del templo religioso) ya que, de esa manera todo el que entrara debía saludarle a él primero.

Olofin al enterarse de la petición de Elegua sin dudarlo estuvo de acuerdo, sentenciando que «Elegua viviría detrás de todas las puertas, debía ser el primero en ser saludado por todos y sería el primero en todo lo que se realizara a nivel ceremonial. Ashe to Iban Eshu».


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