Oración al Justo Juez: Casos difíciles, Hombre, mujer, protección y mas

Oración al Justo Juez

La oración al Justo Juez siempre es bien recibida y atendida en el reino de los cielos, ya que, el Dios Hijo siempre escucha nuestras súplicas convertidas en rezos y oraciones. Lo más importante a la hora de realizar una plegaria al Justo Juez es que sea hecha de corazón, cargada de bondad, de fe, y de verdad, de esa forma es totalmente seguro que serán atendidas nuestras preocupaciones y recibiremos la ayuda necesaria para atravesar y salir de las vicisitudes de manera victoriosa.

«Misericordioso Justo Juez, tú que miras con ojos de piedad el proceder de los vivos y los muertos, pues eres el eterno candil de la justicia. Fue concebido tu espíritu en el puro y virginal vientre de María, convirtiéndote en la salvación de los hombres.

Justo Juez, tú que con tu gracia infinita gozas del poder de dominar hasta el ser más oscuro y más malévolo, haciéndole salir de los cuerpos que han tomado sin autorización. Tú que devuelves la vista a los ciegos, la voz a los mudos, el sentido del oído a los sordos y salvas con tu perdón a los pecadores. Tú que acogiste sin prejuzgar a la Magdalena, al paralítico de la piscina, a la mujer adúltera y salvaste a Dimas.

Eres tú quien se hizo invisible a sus enemigos, y solo pudieron verte cuando en pasión y sacrificio decidiste entregar tu sangre para nuestra salvación. Jesús mío, tus virtudes son tan excelsas que ni la naturaleza con su gran fuerza puede oponerse a tus designios, no en balde calmaste las tempestades, sanaste a los enfermos y resucitaste a los muertos, así como ocurrió con tu amigo Lázaro y el hijo de la viuda de Naim.

Amado Justo Juez, santo es el sudario en el que fuiste envuelto, en aquel sepulcro donde resucitaste al tercer día venciendo hasta a la muerte. A ti, inmaculado Justo Juez, es que hoy extiendo mis súplicas.

Te imploro por favor misericordioso y sabio juez, que mis ruegos sean escuchados y de esa forma mi causa sea tendida por tu incalculable bondad, dando así una pronta respuesta y solución a mis problemas (hacer petición).

A ti, Justo Juez, te pido desde lo más profundo de mí ser que me protejas y me resguardes de todos mis contrarios, de todo enemigo o falso amigo, invocando a la sábana santa en que tu cuerpo fue envuelto, para que con ella me cubras, me ampares y me escondas. Que sea ese manto que tapó tu rostro al momento de descender de la cruz el que tape los ojos de aquellos que me velan para perjudicarme, de manera que no logren atraparme jamás.

Sé mi escudo ante todos a los que mal me deseen, que el que ojos tenga no me vea, que el que manos tenga no me atrape, que el que oídos tenga no me escuche, que el que lengua tenga no me acuse y ante ninguna circunstancia o tribunal pueda señalarme.

Tú, mi querido Justo Juez, que vives acompañado y bendecido por el Dios Padre y el Espíritu Santo en una perfecta trilogía que te convierte un solo Dios verdadero, es a ti a quien suplicante me arrodillo para una vez más solicitar tu cuidado, líbrame de todos los peligros y de todo mal del que yo mismo no me pueda librar.

Divino Justo Juez, sé tú mi consuelo en todas mis desdichas, mis angustias y preocupaciones. No dejes de acudir hoy, mañana y siempre en mi auxilio. Líbrame de prisiones, de cadenas o lazos, tanto físicos como espirituales, que todo mal se retorne al lugar desde donde fue enviado, recogido o encontrado, quedando neutralizado e inutilizado. Que todo aquel que para lo negativo me busque, jamás me encuentre, porque con tu sangre me cubro, con tu manto me escudo, con tu mano me levanto, con tu poder venzo, en tu cruz me salvo ahora y a la hora de mi muerte. Amén».

¿Quién es el Justo Juez?

En el tránsito terrenal de la vida de Jesucristo, fue reconocido por su amor hacia el prójimo, su paciencia y gran sabiduría, por lo que a la hora de juzgar una situación lo hacía con una extrema equidad. Esos dones le hicieron ser reconocido como el un «juez justo».

Entre las historias que podemos utilizar como referencia de ello tenemos la de los escribas y los fariseos. Ellos presentaron ante Jesús a una mujer que fue sorprendida cometiendo adulterio (Juan 8:3), pretendiendo que él la juzgaría según la ley de Moisés, pero el Salvador más allá de señalarla o repudiarla hizo una reflexión sobre la conciencia y el comportamiento de todos los presentes, ya que, de alguna manera todos somos capaces de cometer errores y caer en el pecado. Terminó sentenciando ante aquella causa con unas palabras muy misericordiosas, dijo a aquella mujer enfrente de todos: «Ni yo te condeno; vete, y no peques más». Su acción permitió que la mujer interpelada glorificara el nombre de Dios a partir de aquel momento, creyendo en su profundo amor y su disposición para perdonarnos.

¿Quién es el Justo Juez?

Este tipo de acciones son las que diferencian a Jesucristo del resto de los hombres, quienes por naturaleza estamos acostumbrados a juzgar aún con la primera impresión, muchas veces desde nuestras perspectivas personales o incluso haciendo uso de cierta pretensión de superioridad moral. De hecho, hasta los apóstoles pasaron por este tipo de situaciones, tal como lo vivió Santiago y Juan. Ellos se molestaron cuando las personas de un pueblo samaritano trataron a Jesús de forma irrespetuosa. Al respecto cuenta Lucas 9:51–54 que: «Y al ver esto, le dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces, volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois, porque el Hijo del hombre no ha venido para destruir las almas de los hombres, sino para salvarlas».



Oración al Justo Juez y la santa camisa para alejar a los enemigos

«La fieras salvajes, los leones y leonas viene contra mí. Que se detengan de inmediato, como se detuvo mí Señor Jesucristo con el Dominus Deo y le dijo al Justo Juez: ‹Ea Señor a mis enemigos veo venir, pues tres veces repito: ojos tengan y no me vean venir, manos tengan y no me toquen, boca tengan y no me hablen, pies tengan y no me alcancen. Con  dos los mido, con tres les hablo, la sangre les debo y el corazón les parto›. Por aquella Santa Camisa en que el Hijo fue envuelto, ahora es la misma que yo traigo puesta y por ella me he de ver libre de prisiones, de malas lenguas, de hechicerías y de brujerías.

Ahora me encomiendo a todo lo angélico y sacrosanto, y sé que me han de amparar los Santos Evangelios, pues primero siempre es y será el Hijo de Dios y mis enemigos llegarán derrotados hasta mí, tal como el Señor derribo a sus enemigos el día de Pascuas. De quien se fía es de la Virgen María, de la hostia consagrada que se ha de celebrar con la leche de los pechos virginales de María Santísima.

Por eso clamo que me he de ver libre de prisiones, ni será herido, ni atropellado, ni mi sangre derramada, ni moriré de muerte repentina. También me encomiendo a la Santa Vera Cruz, Dios conmigo, yo con Él. Dios delante, yo detrás de Él. Jesús, María y José. Amén».


Oración al Justo Juez para hombre

Oración al Justo Juez para hombre

«Poderoso Justo Juez, eres tú el Rey de Reyes. Redentor y salvador del Universo. Tú que desde tu vida terrenal y espiritual no dejas de protegernos con ese infinito amor de padre, de hermano, y de amigo.

Jesús mío, adorado Justo Juez, invoco a tu incalculable bondad, porque seguro estoy que eres amor, y por ese amor me has de defender de todo al que mí se oponga, me resguardarás y guiarás siendo la luz en mis tinieblas, defendiéndome ante todas mis situaciones. Postrado ante ti aguardo tu gracia, tal como le fue concedida a tus apóstoles.

Suplico tu protección infinita para que ninguno de mis enemigos pueda dañarme, porque solo tú podrás juzgarme, como padre y salvador de todos nosotros que eres. No permitas que sea lastimado, ni humillado, ni difamado, ni perjudicado. En nombre de tus heridas, de tu pasión y muerte, te imploro que mi cuerpo físico y mi alma sea sellada ante los males de esta tierra.

No dejes que sufra heridas, ni presidio, ni atrapado por las manos de ningún contrario, ni que clamen sobre mí la victoria de las infamias de mis enemigos, que no sufra de muerte repentina, ni hoy, ni mañana, ni más tarde o más temprano de la hora en que me corresponda responder ante tu sagrada presencia por mis acciones en esta tierra.

Glorioso Justo Juez, camina a mi lado por los caminos peligrosos, ayúdame a cruzar los ríos caudalosos, dame fortaleza en los momentos de tribulación, de tormento, angustia y desolación, no permitas que se alojen en mí ser los bajos espíritus ni los demonios, escódeme de los ladrones, de los traidores, de los envidiosos y de falsos testimonios.

Bendito Justo y sabio Juez, revoca el poder de todo el que mal quiera causarme, no permitas que los injustos puedan vencerme, que no me vean con sus ojos, que no me alcancen con sus pies, no me atrapen con sus manos, que no me escuchen con sus oídos ni me hablen con sus bocas, y que aquel que desee destruirme pierda sus armas, parta sus lanzas, rompa sus espadas, doble sus cuchillos, y sus cañones no disparen. Que hoy y siempre me bendiga el Padre, me proteja el Hijo, y el Espíritu Santo me acompañe. Amén».


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Oración al Justo Juez para mujer

Oración al Justo Juez para mujer

«Cristo reina, Cristo vence, Cristo de los peligros me defiende. En compañía de la inmaculada Virgen María, madre de misericordia, mujer pura y casta escogida por Dios para guardar en su vientre al salvador. Tú gloriosa mujer, madre, hija, hermana, amiga y abogada nuestra, a ti clamo la protección de tu manto sagrado, en compañía de tu excelentísimo hijos, el Hijo de Dios y Justo Juez de jueces.

Dios Todopoderoso, en tu bendición me amparo implorando también la ayuda de los santos y santas que gozan de tu gracia, todos ellos fueron observados y enaltecidos hasta el reino de los cielos por su amor y devoción al Justo Juez. Cúbranme de su inmaculada compañía, que su luz sea derramada sobre mi cuerpo, mi alma y mi corazón en esta santa hora y por siempre.

Permítame Justo Juez, que salga victoriosa ante las embestidas directas e indirectas de mis enemigos y atacantes, porque en ti me refugio manteniéndome a los pies de la sagrada compañía de Dios y el manto de la virgen María, librándome de todos los espíritus bautizados y sin bautizar que a mí se opongan.

Justo Juez, tú que naciste de Santa María Virgen, una virtuosa mujer escogida por Dios, sabes muy bien lo que es tener mujeres llenas de gracia a tu lado, y sabes también del incalculable amor que pueden brindar, en nombre de esa feminidad que las hizo brillar ante tu presencia, aquí me encuentro yo, una mujer de carne y hueso, expuesta a los pecados de la tierra, que sucumbe ante la tentación pero que no se oculta de tus ojos, que clama tu fe ante los ejércitos del mal que nos asechan, una mujer que cree en ti con una devoción inquebrantable y que sin ocultar nada se expone para que sean descubiertos sus más profundos deseos de salvación y redención de sus pecados.

Acudo a ti mi amado Padre, en busca de tu amparo y protección, poniendo como intercesora a la piadosa Santa María siempre virgen, ejemplo de devoción, de sumisión ante la voluntad de Dios, dulzura pura de alma y corazón. A ustedes me encomiendo para dominar la voluntad, la mente, el espíritu y el ímpetu de mis enemigos, para que por tu poder y gloria: si ojos tienen no puedan verme, si pies tienen no puedan cogerme, si manos tienen no puedan tocarme, si boca tienen no puedan hablarme, si hierro tienen no puedan herirme, si nudos tienen no puedan atarme. Con las tres espadas de San Julián los he de vencer, con la leche de la Virgen los he de rociar, por las tres coronas del Patriarca Abraham y bajo la mirada del Justo Juez de ellos me he de librar. Amén. Jesús, María y José».


Oración al Justo Juez para casos difíciles

Oración al Justo Juez para casos difíciles

Esta oración al Justo Juez para casos difíciles, es una versión muy antigua al Justo Juez, se estima que fue una de las primeras conocidas. Su uso se relaciona con las luchas de los ejércitos cristianos, en momentos en los que se enfrentaban bajo cruentos combates contra los turcos entre otros infieles, en defensa de la tierra y lugares santos. Su leyenda manifiesta que fue grabada en una plancha de oro y conservada en un convento de creyentes armenios de Santa María Egipcíaca, en las adyacencias del Monte Líbano. Se dice que por muchísimo tiempo esta oración estuvo prohibida para resguardarla del uso de malas personas, debido a su inmenso poder:

«Señor Jesucristo, Eterno y Justo Juez de vivos y muertos. Divino astro de justicia concebido por la salud del linaje humano en el vientre puro de la virgen María.

Justo Juez, creador del Cielo y de la Tierra y muerto en la cruz por nuestro amor. Tú, que fuiste envuelto en un manto y puesto en un sepulcro del que al tercer día resucitaste, vencedor de la muerte y del infierno.

Justo y Divino Juez, escucha mis ruegos, atiende a mis súplicas, escucha mis peticiones y dales favorable despacho.

Tu voz imperiosa serenaba las tempestades, sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos, como a Lázaro y al hijo de la viuda de Naim. El Imperio de tu voz ponía en fuga a los demonios, haciéndolos salir de los cuerpos de los poseídos y daba vista a los ciegos, habla a los mudos, oído a los sordos y perdón a los pecadores, como a la Magdalena y al paralítico de la piscina.

Tú te hiciste invisible a los enemigos, a tu voz retrocedieron, cayendo por tierra en el huerto los que fueron a aprisionarte y cuando expirabas en la cruz a tu poderosa voz se estremecieron los orbes.

Tú abriste las cárceles a Pedro y lo sacaste de ellas sin ser visto por la guardia de Herodes. Tú salvaste a Dimas, el ladrón arrepentido y perdonaste a la adúltera. Te suplicamos Justo Juez, me libres de todos mis enemigos visible e invisible.

Que el sudario santo en que fuiste envuelto nos cubra; tu sagrada sombra nos esconda; que el velo que cubrió tus ojos ciegue a los que nos persiguen y los que nos deseen el mal, ojos tengan y no nos vean; pies tengan y no nos alcancen; manos tengan y no nos tienten; oídos, y no nos oigan; lengua tengan y no nos acusen y sus labios enmudezcan en los tribunales cuando intenten perjudicarnos.

¡Oh, Jesucristo, Justo y Divino Juez! Favorécenos en toda clase de angustias y aflicciones, lances y compromisos y haz que al invocarte y aclamar al imperio de tu poderosa y santa voz, llamándote en nuestro auxilio, las prisiones se abran, las cadenas y los lazos se rompan, los grilletes y las rejas se quiebren, los cuchillos se doblen y toda arma que sea forjada en contra de mí se embote e inutilice.

Ni los caballos nos alcancen, ni los espías nos miren ni nos encuentren. Tu Sangre nos bañe, tu manto nos cubra, tu mano nos bendiga, tu poder nos oculte, tu cruz nos defienda y sea nuestro escudo en la vida y en la hora de nuestra muerte.

¡Oh! Justo Juez, Hijo del Eterno Padre, que con Él y con el Espíritu Santo eres un solo Dios verdadero. ¡Oh! Verbo divino hecho hombre, yo te suplico me cubras con el manto de la Santísima Trinidad, para que me libre de todos los peligros y glorifiquemos tu Santo Nombre. Amén».


Oración al Justo Juez para protección frente el peligro

«Con la bendición de Dios Padre, Dios Hijo, y del Espíritu Santo. Clamo a ti, misericordioso y Justo Juez, tú que extiendes tu mano a todas las criaturas de la creación.  

Eres tú, Justo Juez, el símbolo y representante universal del eterno perdón, de la verdadera caridad. Tú eres la luz espiritual genuina, la que ilumina transcendentalmente nuestras mentes, corazones y caminos más turbulentos.

Tú nos enseñaste el poder tan importante que tiene la oración hacia Dios, porque tu palabra es vida, es fe y es amor verdadero.

Sabes tú Justo Juez, lo doloroso que puede llegar a ser el sufrir los maltratos y las humillaciones más terribles, pero tu desbordante gracia te confortó y te brindó la fortaleza que te permitió enfrentar, soportar y aceptar tu gran sacrificio solo por el incalculable amor que le tienes a las criaturas del Señor.

Tú, que a pesar de ser Rey de reyes, te mantienes siendo un Juez Justo, repartiendo misericordia para toda la humanidad, a ti Juez bendito elevo mi suplicante oración. Auxíliame en esta hora de incesantes peligros convirtiéndote en mi escudo y mi espada ante la tribulación, no permitas que el mal me aborde, me dañe, me corrompa o me perjudique ni física, ni moral, ni espiritualmente (hacer petición).

Que así como sanaste a los enfermos y los hiciste disfrutar de una buena vida, llena de salud, de amor, de respeto y de perdón, de esa misma forma te imploro que me salves hoy.

Glorioso Justo Juez, a tus pies me cobijo y decreto que no habrá mal, herida, daño, brujería, hechicería, trampa, trastorno o persona de oscuras intenciones que me pudiese dañar, porque tú has bendecido mi ser, mi casa, mi trabajo y todo lo que hay a mi alrededor. En la gracia de Dios me resguardo. Amén».


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